Permitirme destacar vuestra hipocresía
el progreso lo supeditais a lo económico
de pederastas nutrís vuestra infanteria
acaudillados por ese vestigio despótico.
No obstante que bien sabeis vender vuestra patraña
utilizar los temores de la muchedumbre
agarraos al poder con subrepticia maña
con la misma que preparais cualquier urdidumbre.
Me exaspera que os considereis en el derecho
de querer juzgar sin a cambio ser juzgados
cuando vuestra concupiscencia es un insigne hecho
y vuestros deseos carnales desaforados.
El amaos los unos a los otros limitais
segun convenga a vuestra abyecta y sórdida moral
nada me interesa ese paraiso que propugnais
que llama hereje a la realidad homosexual.
Alberto d. M.
martes, 31 de marzo de 2009
domingo, 29 de marzo de 2009
SOÑE ESPAÑA (Soneto)
Soñando que soñaba,soñe España
en la que a nadie se llamaba ilegal
al fin republicana y federal
ese pais de Carrillo,Alberti,Azaña...
Sin guerras,bueno sólo un tal Alfonso
sin Borbones,caciques,militares
la llana, la culta , la de los bares
la que un carorce a Aznar dio responso.
Una España sin vallados de espino
que borra el olvido de su camino
que desoye y olvida a Rouco y sus prédicas.
Un pais sin razas,maqueto,charnego
que jubila al dinosaurio gallego
y que al proletariado da sus égidas.
Alberto d. M.
en la que a nadie se llamaba ilegal
al fin republicana y federal
ese pais de Carrillo,Alberti,Azaña...
Sin guerras,bueno sólo un tal Alfonso
sin Borbones,caciques,militares
la llana, la culta , la de los bares
la que un carorce a Aznar dio responso.
Una España sin vallados de espino
que borra el olvido de su camino
que desoye y olvida a Rouco y sus prédicas.
Un pais sin razas,maqueto,charnego
que jubila al dinosaurio gallego
y que al proletariado da sus égidas.
Alberto d. M.
NUNCA SUPISTE QUE TE MIRABA DESDE EL BUS (relato breve)
Nunca supiste que te miraba desde el bus...embelesado seguía tu rastro,tu fragancia por donde quiera que fueses;suspirando cada vez que m regalabas una de tus miradas...siempre lacónicas,diafanas,cautivadoras.
Pero esta impericia indefectible a mi ser, me ha impedido hacerte conocedora de tan abismal y lacerante sentimiento, de este indómito deseo de besarte,acariciarte,poseerte,deleitarme con tus rutilantes ojos.No obstante, aun desconozco el motivo por el cual jamás he sido capaz de dirigirte el más nimio vocablo;encontrando unicamente por respuesta la eterna sensación de ahogo,el nudo en la garganta, que tu belleza sin parangón causa en mi persona.
Alberto d. M.
Pero esta impericia indefectible a mi ser, me ha impedido hacerte conocedora de tan abismal y lacerante sentimiento, de este indómito deseo de besarte,acariciarte,poseerte,deleitarme con tus rutilantes ojos.No obstante, aun desconozco el motivo por el cual jamás he sido capaz de dirigirte el más nimio vocablo;encontrando unicamente por respuesta la eterna sensación de ahogo,el nudo en la garganta, que tu belleza sin parangón causa en mi persona.
Alberto d. M.
A SANTO DE QUE (Cuartetos Alejandrinos)
A santo de qué este devenir oprobioso
para que me sirve de caballero hacer alarde
como exonerarme de este gafe fastidioso
y de esta soledad,asumida mal y tarde.
Cual es la razón de esta existencia desdeñable
de este repentino abondono a mi suerte
esta indiferencia tuya,inexorable
esta estulticia de ni quererme ni perderte.
Desconozco el cruel motivo de esta incertidumbre
la causa de tu inesperado cambio de actitud
ya que el quererte había tomado de costumbre
y tras tu adios sólo me queda fatal lasitud.
Ni soy yo, ni esta mi habitual circunstancia
inefable,el por qué de ahora sacar mis letrinas
puesto que he caido en la patibularia desgracia
de no poder borrar tu imagen de mis retinas.
Alberto d. M.
para que me sirve de caballero hacer alarde
como exonerarme de este gafe fastidioso
y de esta soledad,asumida mal y tarde.
Cual es la razón de esta existencia desdeñable
de este repentino abondono a mi suerte
esta indiferencia tuya,inexorable
esta estulticia de ni quererme ni perderte.
Desconozco el cruel motivo de esta incertidumbre
la causa de tu inesperado cambio de actitud
ya que el quererte había tomado de costumbre
y tras tu adios sólo me queda fatal lasitud.
Ni soy yo, ni esta mi habitual circunstancia
inefable,el por qué de ahora sacar mis letrinas
puesto que he caido en la patibularia desgracia
de no poder borrar tu imagen de mis retinas.
Alberto d. M.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)